Poesia de un miércoles
Miércoles...
ICBC...
Acanto y Laurel…
La noche y poesía....
¡Todo momento es poesía!
Era la noche, y así, más profundo, más seguro para dar en el centro del corazón... cerca de todo.
Almas en busca, letras al aire, cobijo de los sentimientos...
Gente, mucha gente, más que de costumbre, y sin los ruidos del tin tin de las copas, ni los eruptos causados por botellas que contienen la liberación de recuerdos y el mitigo de dolores.
Gente de pie, en esquinas, en las orillas, haciendo hileras, algunas más en sillas color negro, allí formaban nidos, círculos para estar más cerca uno del otro… cobijados por luces de velas que alumbraban sus rostros...
Inició la lluvia sonora en ese evento…
Habló un señor, pelo…color de la nieve, camiseta… color negra, voz… baja, tenue, sencilla y amorosa, así como las llamas de las velas que adornaban el lugar. Dijo de la importancia de todo lo que hacen aquellos que usan plumas y lienzos de papel…los llamados poetas.
Habló de lo que significaba el hacer y ejecutar poesía en cualquier lugar, aun en escaleras de madera vieja y crujiente, lo mismo que aquellos que inventan sueños escribiendo tirados en el suelo y rosando su cuerpo con las fibras de alfombras verdes, dentro de chozas de tierra roja desde lomas altas de esta ciudad y aquellos que mirando por las ventanas ven pasar la vida, ven pasar la nubes y ven llegar la luna.
Pero de muy especial manera habló de aquellos o aquellas que dejan hojas con garabatos impregnados de tinta, encima de mesas de patas abiertas que dan sancadillas; habló del escribir, del escribir en la soledad, en pacto con su yo… acto eterno del ser humano…ver en forma concreta lo que un pensamiento dicta.
Así empezó la noche… Luego, se escuchó a una creyente, una señora que desde niña soñaba con lo que ahora hace y que al reír, levanta los hombros en una forma tímida, una pionera de una corriente espiritual, abriendo brecha por entre terrenos agrestes, ríspidos y muy secos, allí nacerán plantas y darán muchos frutos…
Siguieron los poetas…
Hablaron de frutas, de luchas internas, de disfraces que esconden de la realidad, de amores, de pócimas que tienen el poder de detener el tiempo, de momentos dulces al explorar piel ajena a su piel, de inventores de injusticias, de saliva gastada, de gente que ya no existe, pero que la sentimos cerca, muy cerca, de música para olvidar lo pesado de una jornada difícil en la vida, algunos, mezclando sentimientos bilingües, pero todos, todos, haciendo lectura para no callar lo que no deben callar.
Algunos poetas… no llegaron, eran las estrellas de la noche, pero si se sintieron, si los extrañamos, así será para siempre, ya sabemos de ellos.
Fue una buena noche, una noche de fiesta seria, de amigos, una noche acompañada de finas viandas, de vino rojo y fuerte, guarnición de esa noche…
Todo desapareció como por un acto magia, hambruna de todos los que allí se encontraban, viandas de esperanza y de calor, una noche en que sentado desde un cómodo sillón negro, pude ver lo que allí pasaba, no esperaba a nadie, solo estaba allí, sintiendo a la gente y el amor de muchos de ellos.
Todo se acabó…
Al final, quedamos en el sitio… tres músicos, su rara música, y yo., esa música, misma que llegó lejos esa noche usando tubos del espacio.
Solo faltó apagar las luces y decir adios.
¡Todo momento es poesía!
Aun el apagar luces y decir Adios….
ICBC...
Acanto y Laurel…
La noche y poesía....
¡Todo momento es poesía!
Era la noche, y así, más profundo, más seguro para dar en el centro del corazón... cerca de todo.
Almas en busca, letras al aire, cobijo de los sentimientos...
Gente, mucha gente, más que de costumbre, y sin los ruidos del tin tin de las copas, ni los eruptos causados por botellas que contienen la liberación de recuerdos y el mitigo de dolores.
Gente de pie, en esquinas, en las orillas, haciendo hileras, algunas más en sillas color negro, allí formaban nidos, círculos para estar más cerca uno del otro… cobijados por luces de velas que alumbraban sus rostros...
Inició la lluvia sonora en ese evento…
Habló un señor, pelo…color de la nieve, camiseta… color negra, voz… baja, tenue, sencilla y amorosa, así como las llamas de las velas que adornaban el lugar. Dijo de la importancia de todo lo que hacen aquellos que usan plumas y lienzos de papel…los llamados poetas.
Habló de lo que significaba el hacer y ejecutar poesía en cualquier lugar, aun en escaleras de madera vieja y crujiente, lo mismo que aquellos que inventan sueños escribiendo tirados en el suelo y rosando su cuerpo con las fibras de alfombras verdes, dentro de chozas de tierra roja desde lomas altas de esta ciudad y aquellos que mirando por las ventanas ven pasar la vida, ven pasar la nubes y ven llegar la luna.
Pero de muy especial manera habló de aquellos o aquellas que dejan hojas con garabatos impregnados de tinta, encima de mesas de patas abiertas que dan sancadillas; habló del escribir, del escribir en la soledad, en pacto con su yo… acto eterno del ser humano…ver en forma concreta lo que un pensamiento dicta.
Así empezó la noche… Luego, se escuchó a una creyente, una señora que desde niña soñaba con lo que ahora hace y que al reír, levanta los hombros en una forma tímida, una pionera de una corriente espiritual, abriendo brecha por entre terrenos agrestes, ríspidos y muy secos, allí nacerán plantas y darán muchos frutos…
Siguieron los poetas…
Hablaron de frutas, de luchas internas, de disfraces que esconden de la realidad, de amores, de pócimas que tienen el poder de detener el tiempo, de momentos dulces al explorar piel ajena a su piel, de inventores de injusticias, de saliva gastada, de gente que ya no existe, pero que la sentimos cerca, muy cerca, de música para olvidar lo pesado de una jornada difícil en la vida, algunos, mezclando sentimientos bilingües, pero todos, todos, haciendo lectura para no callar lo que no deben callar.
Algunos poetas… no llegaron, eran las estrellas de la noche, pero si se sintieron, si los extrañamos, así será para siempre, ya sabemos de ellos.
Fue una buena noche, una noche de fiesta seria, de amigos, una noche acompañada de finas viandas, de vino rojo y fuerte, guarnición de esa noche…
Todo desapareció como por un acto magia, hambruna de todos los que allí se encontraban, viandas de esperanza y de calor, una noche en que sentado desde un cómodo sillón negro, pude ver lo que allí pasaba, no esperaba a nadie, solo estaba allí, sintiendo a la gente y el amor de muchos de ellos.
Todo se acabó…
Al final, quedamos en el sitio… tres músicos, su rara música, y yo., esa música, misma que llegó lejos esa noche usando tubos del espacio.
Solo faltó apagar las luces y decir adios.
¡Todo momento es poesía!
Aun el apagar luces y decir Adios….


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